martes, 6 de mayo de 2008

MAYO DEL 68

Se cumple cuarenta años de Mayo del 68 todo empezó el tres de mayo y terminó con nuevas elecciones, disolviendo el 23 de junio la Asamblea Nacional Francesa, quiero con este escrito decir que PCF, no estuvo a la altura del movimiento, quiero también hacer destacar que se produjo muchos movimientos en todo el mundo fue una especie de revolución inacabada, que extrayendo lo positivo se consiguió reformas y se alcanzaron algunos objetivos, y yo me pregunto hoy que está pasando tenemos un paro cada vez mayor, se han perdido derechos, también los salarios han ido decreciendo y empleo precario sigue su marcha.

¿HASTA CUANDO?

En 1968, en plena sociedad de consumo y del pleno empleo, estalla la primera huelga general salvaje que paraliza un gran país europeo. Se cuestionan todas las instituciones, se ocupan fabricas, oficinas y edificios públicos, por todas partes se crean “comités de acción y se asiste a una extraordinaria liberación de la palabra e incluso algunas tentativas reorganización revolucionaria por parte de universitarios, trabajadores, artistas e intelectuales, se crean comités. En el clima de exaltación y libertad, algunos creyeron ver la posibilidad de llevar la crítica de la sociedad mercantil hasta sus últimas consecuencias y de reanudar el sueño de una historia por fin transparente a los hombres que la realizan. No todos los que se lanzaron entonces a todo tipo de aventuras, políticas y existenciales, han guardado en su fuero interno la necesaria reserva para operar a tiempo un razonable giro estratégico.

No todos los que sintieron la sacudida de Mayo se han convertido en grandes modistos, periodista de “Libe” o productores cinematográficos, que en su mayor parte arroja una cínica mirada sobre la juventud y hoy pisotean lo que constituían el honor de sus veinte años. Esos tienen el derecho a todo nuestro desprecio.

Afortunadamente, algunas de las viejas formas de la estupidez humana han retrocedido considerablemente. El antiguo ayudante-jefe de personal ha desaparecido, agresivo y nazista, que la tenía tomada con homosexuales, los cabellos largos o con las mujeres en mini-faldas, ha perdido toda su soberbia. Pero con esas figuras lamentables que nadie hecha en falta, también han desaparecido otras figuras mas dignas y mas ricas de la humanidad, El profesor que, mas allá de su dedicación a las clases, estaba convencido de cumplir las mas nobles de las misiones, el obrero amante de su trabajo, que consideraba un honor la transmisión de su oficio, el proletario autodidacta, apasionado por saber y el orgullo de su clase, el militante convencido de la grandeza de su combate…

Sabemos que los campesinos pobres de Aragón, que apenas conocían el dinero y para quienes el proyecto de sociedad anarquista era inmediatamente transparente, aplicable. Sabemos que están muy lejos los tiempos cristalinos del movimiento obrero en los que todo se podía discutir sin miedo, que evocaba el revolucionario griego, que no volverá a haber la comuna, ni la revolución española, ni ninguna revolución del pasado.

A tal punto hemos llegado que no nos podremos preguntar si el capitalismo no habrá colonizado la humanidad hasta hacerla inadecuada para cualquier otro destino que no sea el que le tiene reservado el capitalismo, (consumismo sin freno), arruinando cualquier posibilidad de una nueva sociedad.

La estupidez, la incultura, el embrutecimiento de la sensibilidad, el arrinconamiento de la poesía, son las mejores garantías del cual desorden y tienden a arruinar de antemano cualquier posibilidad de ver algún día a la humanidad acceder a un estado mas libre y mas justo.

Durante años, una propaganda insidiosa ha pretendido de hacernos aceptar e interiorizar una violencia cotidiana difusa de una parte de la sociedad ha sacralizado hasta erigirla en un valer al mismo nivel que el esfuerzo o cualquier logro, y de la que se ve con asombro que penetra en la escuela y que se atribuye en el bloque a los jóvenes de la periferia urbana, a pesar de los propios jóvenes, que no se reconocen en comportamientos de lo que ellos mismo son las principales victimas. En cierto modo, la violencia se ha convertido en la propiedad particular de los excluido, incluso para quienes no la quieren, lo que les marca aún mas en su exclusión, con los aplausos falsamente benévolos y dignos de los juegos circenses dispensados de lejos. Existe una fascinación por el encanallamiento, con su variante de izquierda y de ultra-izquierda, en la línea correcta de sus ridículos con cazadora negra, con su ideología del puñetazo en el morro.

¿Qué valor podemos conceder a los artículos de fe del socialismo, herederos en línea directa del buen salvaje de la época de las Luces (y aún presentes en el espíritu de Mayo), que suponen la inocencia del ser humano, pervertido por la sociedad, y el deseo de libertad que no pide sino expresarse en todos y cada uno si le da la ocasión? ¿Qué queda de “humanamente válido en el espíritu que habíamos puesto en la Revolución Proletaria (…), que confianza puede tener los obreros en la responsabilidad colectiva de su propia clase. ¿Qué va sustituir el señuelo del beneficio, el gusto por vencer, potentes resortes del actual orden de cosas, y que no puede desaparecer de repente, como por un milagro? ¿Qué sustituirá al dinero, poder esencial sobre la vida? Pues, por detestables que sean las pasiones que inspiran es, a pesar de todo, por lo que se vive, se canta y se muere, en Calcuta, como Wall street, y para la mayor parte de la humanidad, es lo único que verdaderamente existe, y a menudo es tan fuerte como los dioses, pues todas las pasiones humanas le son debidas. El juego de ganar o perder, que rige el mundo desde hace milenios, ¿perdura solamente porque los hombres son siempre prisioneros de las fuerzas pasionales que ese poder encierra y que, cada vez que se manifiesta en su vida (y siempre es así), le somete a la pesada carga de la historia contingente, a través de la cual el azar se afirma como un orden que libera al hombre del peso del libre arbitrio que progresos del género humano le imponen y que la revolución triunfante le impondrá aún más? Será necesario comprometerse a construir la propia vida, de lo contrario, ¿para que hacer la revolución?

Son muchas las temibles cuestiones que nos interpelan apremiantemente; pero precisamente porque son dolorosas es por lo que es necesario profundizar más. Estamos convencidos que ahora o en otro momento quien quiera llevar a cabo una transformación radical no encontrará, al principio, otra cosa a transformar que lo que tiene. Y las respuestas fáciles, del tipo ya se verá, si la revolución no es capaz de dar una solución, no será de mucha ayuda.

El capitalismo nos parece ineluctablemente condenado porque no llega resolver ninguno de los problemas cruciales de la humanidad, porque amenaza actualmente hasta la supervivencia de la especie, pero también porque ha sabido levantar contra él, desde hace dos siglos, todo lo mejor y mas noble que la humanidad tiene.

Aunque no dudemos en poner en cuestión la herencia de los movimientos revolucionarios de los dos últimos siglos, aunque los medios a los que hasta ahora se ha dado presencia par alcanzar una mejor sociedad haya que volverlos a poner en cuestión, Así como el papel central adquirido por la violencia como principal instrumento de la transformación social, habida cuenta de las monstruosas derivas que la historia nos ha enseñado y del extraordinario desarrollo de los medios de destrucción concentrados en manos de nuestros enemigos, no hay nada que nos pueda convencer para que enterremos nuestra esperanza, nada nos inclina a renunciar a las esperanzas que en todos los tiempos los pueblos han puesto en las revoluciones, nada disminuye, a nuestros ojos, la dramática e impresionante dimensión de la vida y la muerte de los revolucionarios, el heroísmo de algunos hombres y mujeres, pondré por ejemplo, la llama que animaba a los espartaquista.

NOTAS: Sin duda, por revolución comunista no entendemos ninguna de las que pretenden o han pretendido haber triunfado en el siglo XX con ese nombre.

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